CUIDA'T

PSICOTERAPIA – PSICODRAMA – TERAPIAS MANUALES

Mes: agosto 2015 (página 1 de 2)

El poder del mindfulness

«El trabajo difícil es en realidad el que estás haciendo al luchar y resistirte a los sentimientos difíciles, al echarte la culpa de ellos y de sus causas. Este libro te mostrará cómo responder al dolor emocional de una manera nueva, más compasiva y amorosa»

Limites

Fue ayer domingo. Decidimos ir un ratito a la playa. El cielo cubierto de nubes. Pensé en un baño y si salía el sol, contenta de `poder tomar un baño matutino¡ Eran sobre  las 11 de la mañana.  Unas cuantas personas. A nuestra derecha, una pareja con dos crios, a algo de distancia. A nuestra izquierda, una mujer sola. En la playa, un niño con el agua a medio cuerpo. Creo que algo más a lo lejos había más gente y también alguien se detenía a hablar mientras paseaban bordeando el mar.

Primero nos sentamos. Creo que no me bañé. Observaba. Fue de aquellos ratitos que disfrutas mirando el mar, el cielo, la gente que pasa, los niños que juegan… No llevaba para leer ni escribir.

El niño, de unos 10-11 años, disfrutaba del agua. Estaba prácticamente estático, en «remojo». A veces, miraba para la playa, otras, se giraba y miraba el mar. Canturreba, hablaba y después me pareció que se inventaba alguna historia de barcos…

La mujer sentada sobre la toalla a nuestra izquierda escribía. Tapaba la libreta una bolsa de playa. Primero pensé que tomaba alguna nota, quizá de la compra, o de cosas pendientes que tenía por hacer. Pensé.

Volvía mi mirada al mar, al otro lado de la playa. Hablaba con X.

Pasaba el rato y la mujer seguía escribiendo. A veces, paraba y con sus manos fregaba sus ojos y su cara. Pero no levantaba la mirada. El niño seguía en la playa. No se comunicaban, no se decían nada.

El estaba solo en el agua. No recuerdo más que su figura de espaldas en el agua y su balbucear. Pensé y comenté con X : se entretiene solito.

La mujer seguía escribiendo. Me llamaba la atención. Con mi aficción a la escritura, no iba poder evitar preguntarle, después de rato verla escribir y escribir: HOla¡ Escribes?

Sí- respondío¡

Dijo algo así como- me es terapéutico-

Si, dije yo. Puede serlo. Y qué escribes? fue mi segunda pregunta.

Bueno, de todo. Hice un curso de Escritura Creativa y ahora en verano que descansamos sigo escribiendo. Lleno libretas enteras.

Creo que fue durante ese intercambio que el niño salio del agua, siguió ahora fuera hablando consigo mismo, pero ahora entabla actuando la conversación consigo mismo: se dirigía a sí. Se nombraba y se decía cosas a sí mismo como si fuera otra persona- imaginada – con la que hablaba. Se inventaba un personaje- pienso ahora- para salir de esa soledad de estar en el agua solo, fuera solo.

Bueno, ahora la madre intervino: X , tranquilo, o algo así, creo que le dijo. Le llamaba la atención sobre su actuación, teatral, con gestos, como si de una interpretación en un escenario y un público se tratara.

Yo creo que le puse palabras a lo que estaba viendo: se entretiene solo, dije.

Esque es autista, fueron las palabras de la madre.

Lo que escribo son los restos de mis recuerdos. Quizá a groso modo es lo que sucedió, pero no puedo repetir con exactitud los momentos, las entradas o salidas.

Le dieron el diagnóstico cuando tenía 3 años- añadió.

Había tenído algunos amigos- respondiendo a una pregunta mía- pero ahora no. Tenía 11 años y era un momento bastante delicado porque su energía había cambiado- luego entendí que se refería a su agresividad- y la gente no le entiende y no están dispuestos a aguantar a alguien así.

El niño, que había salido del agua- ahora pienso, interesado por nuestra conversación – se dispuso a hacer un montículo con la arena. Le pregunté cómo se llamaba y su madre respondió.

La madre dijo que a él le gustaba mucho bcn.

Yo le preguntunté: X, te gusta bcn?

-No sé si me gusta bcn. Algo enfadado, seco, respondió.

Después, se puso de pie y con los pies y con algo de rabia, destrozo el montículo. Luego, volvió al agua.

Seguimos hablando con la madre. De que iba a un cole nuevo. Que se había trasladado a este lugar por él, por su colegio.

Entonces, yo, le dije, que era psicoterapeuta y me venían las ganas de preguntarle.

Ah¡ eres psicoterapeuta¡-dijo

Ahí hablamos de psicoanális, psicodrama, análisis transaccional.

El niño, creo, tenía un psiquiatra. No sé si ahora no.

Ella no hacía ningún tipo de trabajo.

Le sugerí que pidiera ayuda. Que encontrara la manera de relacionarse con su hijo y con ella misma.

Tienes amigas, amigos?-le había preguntado a ella.

Bueno, hago escritura, y taichí. a veces quedo para tomar un café.

Sin pareja, sin familia, sola con su hijo.

Nos dimos los teléfonos, quizá yo podía ofrecer algún grupo para madres en algún centro de la localidad.

Yo ya había mirado hacia el mar y veo cómo el niño se acercaba a otros niños que había allí¡ riendo iba detrás de una niña y le bajaba el bikini. Ahí descubrí que estaba molestando, que no se estaba relacionando bien. La madre se levantó, le dijo que saliera. Entonces, la niña salía llorando y él en el agua reía y no obedecía.

La niña, lloraba y se dirigía a sus padres -estirados en sus toallas, tomando un sol recién amanecido- que no dudaron en atenderla de seguida.

La madre del niño seguía llamándole para que saliera y no atendía. Miraba la escena de su espectáculo. Era un escenario donde pasaban cosas, él las observaba.

La niña tenía unos arañazos en el brazo y sangraban. Su padre enfadado le preguntó y ella le señaló a quien se los había hecho. Entonces la madre le dijo que no estaba bien el niño, que se había distraído un momento hablando y bueno, dirigiéndose a nosotros:

-esta es mi vida, siempre tengo que estar controlándolo.

Finalmente el niño salió.

Creo que le pregunté porqué le había hecho daño a la niña y se giró hacia a mí, algo amenazante: ahora me tienes miedo, dijo. Reía y estaba satisfecho de haber creído conseguir lo que quería: tenerle miedo, al ver que yo me retiraba hacia atrás ante su invasión.

Reía y reía al salir y ver a la niña llorar. Pensé en el goce que sentía ante su azaña.

No te tengo miedo- le dije. Eso que le has hecho a la niña, no se hace. Le has hecho daño¡

La madre recogía las toallas y le reñía. Se fueron entre los llantos de la niña, el enfado del padre que no entendía porqué la madre no le vigilaba si podía tener esas reacciones y nuestro asombro ante sus palabras: me descuidé un momento hablando con vosotros ( una manera de hacernos causa del problema) y mira lo que pasó.

Tú sabes que eso no se hace- le decía la madre.

No pudimos despedirnos. Salieron en remolino ante lo acaecido.

Y ahí nos quedamos hablando con el padre. No entendía que hubiera pasado lo que había pasado. Y si le da un golpe… entonces la madre que dirá: que no está bien su hijo?

Ella, me consta, pasó rato sin mirarle, sin observarle, sin controlarle. Tan absorta estaba con su escritura.

Vivimos una escena que aún hoy me hace reflexionar.

El autismo. Si es o no hereditario. ¿Y relacional? Qué vinculo tiene este niño con esta madre? ¿El padre, en qué lugar está? ¿Existe, aunque sea en su mente?

¿qué significa este hijo para su madre?

Cuidar el cuerpo.

Hoy, al despertar, sentí la tensión en mi cuerpo. Algunas molestias y una sensación de acartonamiento, de entumecimiento. Me levanté con cuidado y en ese levantarme decidí que hoy escucharía a mi cuerpo.

En mi cabeza iban y venían las tareas pendientes: rellenar hojas INEM, reservar billete tren, buscar algunos documentos y fotocopias, seguir resumen libro, escribir,,,  y no sigo porque me ocuparía demasiado tiempo.

Así decidí hacer lo imprescindible. Mañana he de entregar una documentación.

Una vez terminada la tarea, me estiro en el suelo, con mi colchoneta.

Siento mis piernas adormecidas, mis pies, los dedos. Roto sobro los tobillos, flexiono el pie, lo estiro, y poco a poco voy desentumeciendolos.

Las piernas con mucha tensión llegan a molestarme. Los músculos llegan a dolerme.

Los brazos, cansados. Mis manos, agotadas.

LA espalda, a la altura del omóplato, también se queja y las cervicales, tensas, las noto.

Tomo conciencia de cómo está mi cuerpo, de cómo se expresa, de cómo me dice.

Con mis manos palpo los músculos de las piernas y en las rodillas encuentro puntos de dolor. Me detengo y miro de aflojarlos.

Mis brazos, tensos, me piden también que los relaje. Con la palma de mi mano aprieto el músculo con fuerza, sin dañarlo y también consigo aflojarlo.

Ahora me quedo ahí, con las sensaciones físicas, con las molestias, dándoles el espacio y el tiempo que requieren.

Parar. Ocuparme de mí. Dejar el afuera para quedarme dentro. Conmigo.

Sentir el alivio y el respirar después de la tensión. Agradecer esa bocanada de aire fresco que se instala en mí. Y después de un descanso, puedo proseguir con las mil tareas pendientes.

Liberar las corazas.

Liberar las corazas

Luciérnaga

En este libro descubrimos cómo el cuerpo crea sus propias corazas en respuesta a experiencias no asimiladas, traumas vividos, emociones «ignoradas»… Lo vivido puede dejar huella en el cuerpo, en los músculos, en los órganos. Esas corazas impiden la expresión natural de la persona, de su creatividad. Gracias a un trabajo corporal acompañado de un seguimiento terapéutico, la persona puede llegar a liberarse de dichas corazas y reencontrarse con su espontaneidad y su ser.

Ser padres conscientes

Ediciones La llave.

Decir que yo he leído la 3ª Edición.

Un libro sorprendente. Atrevido. Una aportación única y novedosa sobre la mirada y el trato hacia el niño-niña. El respeto hacia los pequeños. El verdadero respeto a su ser, a sus ritmos, a su desarrollo.

Un libro necesario para padres-madres inquietos, que quieran saber sobre la crianza de sus hijos.  Para profesionales que traten con niños.

Hay una aportación nueva para que los padres tomen conciencia de sí mismos. De cómo experiencias no resueltas en ellos repercutirán de forma directa en el trato para con sus hijos. Me parece un libro que aporta nuevas maneras, nuevos enfoques.

Muy interesante¡¡¡

Al límite

Zenith/Planeta

Este libro me sorprendió. El límite del propio cuerpo, de nuestras capacidades, la realidad que se impone.

Llega un momento es que es mejor parar y tomar un camino nuevo. Mirar por uno mismo, y quizá en algún momento por los demás.

Libertad y límites. Amor y respeto.

Herder.

Un libro precioso. El vínculo con los hijos. La línea entre ellos y nosotros. La separación sana y necesaria. La importancia del respeto y del límite como señales de amor. Una joyita de lectura.

El complejo de Telemaco

Massimo Recalcati: El complejo de Telémaco. (Padres e hijos tras el ocaso del progenitor)

La caída de la autoridad paterna es un fenómeno esencial de nuestra cultura contemporánea, tanto en su sentido simbólico (el padre como encarnación de la ley) como en la configuración de las relaciones familiares, en la que el padre actual tiende a jugar un rol amistoso y cómplice, en el extremo opuesto del padre autoritario de épocas no tan lejanas.

El Camino del artista

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El Camino del artista.

Julia Cameron

Edit. Aguilar.

Una propuesta muy interesante acerca del descubrimiento de la creatividad. A través de la escritura, un acercamiento a uno mismo. Un proceso terapéutico.

El proceso de convertirse en persona

el proceso..

El proceso de convertirse en persona.
Carl Rogers.
Paidós.

Hace años conseguí este libro. Un descubrimiento que deja huella. Una opción de vida:el adentrarse en uno mismo con el objetivo de mejorar, de cambiar, de ser una persona auténtica.

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